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El texto "Viaje al corazón de la bestia" y que precede a este, es tan sumamente explícito que desactiva cualquier intento de argucia formal o de escaqueo literario. Existe
en todo este proceso llevado a cabo por Santi una determinación
política que nada tiene que ver con todo el fraude del denominado
"arte social" que hemos sufrido en los últimos tiempos,
sino que acaba por convertirse en investigación, en trabajo de
campo y comprometido ejercicio de ciudadanía, (pero de viandante
experimentado, nada de heroicidad ni afán de altruismo ). Es
en este preciso punto en el que el hecho artístico (si es que hemos
de enfocarlo así por el hecho de ser presentado en una sala de
exposiciones), entra en tensa relación con lo social, a través
del sentido que cobra hoy la producción cultural, de sus limites,
de su capacidad de divergencia y de su recepción. Y es en este
punto en el que la crítica implícita del proyecto, quiebra
la institucionalización del arte, mostrando las grietas del sistema
sin más aspaviento que una serie de datos, frutos de un interés
activo en lo que supone el espacio común de la calle. El
espacio público no es tratado en este trabajo con guantes de cirujano,
al modo en que artistas y diseñadores dibujan sobre plano espacios
para el ocio. Aquí, se establece relación y seguimiento,
existen personas
; toda una subclase urbana que siempre estuvo ahí,
compuesta ahora por quienes no son aptos para integrarse en el mercado,
los excluidos, los marginados, los verdaderamente rechazados y forzados
a permanecer en la periferia de la economía y en el centro de la
abundancia. Son una masa de ensayo de otros tipos de economía y
de política destinados a rentabilizar la miseria, puesto que la
miseria ha venido para quedarse. Por primera vez en la historia, los poderosos
no necesitan de grandes masas obreras. Las masas sobran. Son superfluas
para el mercado. Por otro lado el trabajo es el único valor de
la sociedad moderna, que es una sociedad de trabajadores. La sociedad
desconoce otro tipo de actividades más elevadas y significativas
por cuya causa merecería liberarse del trabajo, y no queda ya ningún
grupo social portador de otros valores, a partir del cual pudieran restaurarse
las demás capacidades humanas. FITO
RODRIGUEZ |